En un encuentro digital organizado por el Observatorio de Derechos Humanos Samba Martine, expertas de la Fundación Luz Casanova presentaron una profunda reflexión sobre la intersección entre el sinogarismo femenino y las violencias machistas. Bajo el título “Mujeres sin techo, mujeres violentadas”, la charla desmanteló el imaginario social que asocia estar “sin hogar” únicamente con vivir en la calle.
Más allá de la calle: el sinogarismo oculto
Durante la jornada, las ponentes explicaron que el sinogarismo femenino es a menudo “invisible”. Utilizando la tipología europea ETOS, señalaron que, además de las personas “sin techo” o “sin vivienda”, existe un amplio grupo de mujeres en situación de vivienda insegura o vivienda inadecuada.
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Vivienda insegura: Mujeres que viven bajo amenaza de desahucio o sufren violencia por parte de su pareja.
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Vivienda inadecuada: Aquellas que residen en alojamientos temporales, infraviviendas o habitaciones compartidas de forma precaria.
Esta invisibilidad explica por qué las estadísticas suelen mostrar una sobrerrepresentación masculina (cerca del 70%) en situaciones de calle. Las mujeres, para evitar el riesgo extremo de la vía pública, despliegan estrategias de supervivencia que incluyen redes informales, vivir en pensiones o aceptar “favores” que pueden derivar en explotación sexual.
El proyecto “Luciérnagas”: un modelo de recomposición
La Fundación Luz Casanova presentó su proyecto Luciérnagas, nacido en 2021 para atender a mujeres en situación de exclusión residencial que han vivido violencias machistas. El enfoque no busca “correr”, sino “recomponer” la vida de las usuarias a través de:
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Seguridad física y emocional: Creación de espacios protegidos exclusivos para mujeres.
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Mirada interseccional: Atención a las diversas capas de opresión, como el origen migrante, la salud mental o la edad.
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Reparación del daño: Trabajo terapéutico para superar traumas derivados de abusos sexuales infantiles, violencia de pareja o institucional.
Barreras en el sistema público
La charla puso de manifiesto que los recursos públicos actuales están “hipermasculinizados”. Muchas mujeres evitan los albergues mixtos por miedo a sufrir nuevas agresiones o por la imposibilidad de acceder con sus hijos e hijas. Desde el Observatorio se hizo un llamamiento a ampliar la mirada y adaptar las políticas sociales para que estas mujeres dejen de ser “nuestras vecinas invisibles”.
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