Isabela no quiere pensar qué será de su vida si no puede acogerse a la regularización extraordinaria que el gobierno español va a poner en marcha las próximas semanas para conceder permisos de residencia a medio millón de extranjeros que cumplan unos criterios que, a día de hoy, son provisionales. El decreto aprobado por el ejecutivo de Pedro Sánchez todavía tiene que pasar por el Consejo de Estado para regresar otra vez al consejo de ministros. Si bien hay incógnitas de cómo quedará la letra pequeña, Isabela tiene muy claro que la suya es una misión imposible porque no han pasado los 10 años pertinentes desde que completó la condena para poder anular sus antecedentes penales y, en el borrador del texto, es invalidante cualquier mancha en el historial delictivo.

Este proceso de regularización supone para muchos una oportunidad única –y quizás la última– después de años de haberlo intentado por la vía ordinaria del arraigo social, que exige una oferta laboral de un año o una estancia mínima de dos años en el Estado. Pero como para Isabela, para otro grupo supone un portazo a las expectativas de empezar de cero y encarrilar los pasos hacia una “vida normalizada”.

Nada más pisar territorio español, esta brasileña en la treintena pasó del aeropuerto a los juzgados, acusada y, posteriormente, condenada por tráfico de estupefacientes. Le cayeron seis años y seis meses de prisión, de donde salió en régimen abierto cuando su hijo cumplió tres años y ya no podía vivir en el módulo con ella. El plan de reinserción aprobado por el departamento de Justicia le permitió un contrato en una multinacional hasta que le caducó el NIE temporal (la identificación para los extranjeros no comunitarios) en febrero de 2023. La paradoja del caso es que por la misma razón que empezó a trabajar se le denegó el permiso de residencia: tener antecedentes penales. “Sin documentación te obligan a una vida de vulnerabilidad, a no existir”, y hasta a tener relaciones “infelices por pura necesidad”, dice refiriéndose a la experiencia propia.

Dos denegaciones

En dos intentos por regularizar su situación administrativa, Isabela ha tenido la misma respuesta negativa. Ni siquiera lo ha conseguido a través de su hijo, de nacionalidad española. Madre e hijo viven solos, aunque el juez concedió la custódia al padre, que no se hace cargo de la manutención.

Fuente: es.ara.cat